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domingo, 14 de enero de 2018

Nuestro lugar en lo existente y la neurosis de la humanidad

Fuente: Miguel A. Requejo

La modernidad trajo consigo que la religión fuese considerada un atraso irracional, un vestigio caduco que, si bien no debía ser barrido como algo bárbaro, obsoleto y atrasado (tan sólo darwinistas ansiosos de notoriedad como Richard Dawkins o la rama marxista de los modernos alcanzó esta convicción), debía ser confinada en el salón, detrás de la vitrina en la que se muestran las curiosidades. En su análisis de las consecuencias políticas, espirituales y filosóficas de la modernidad, La edad de la ira, Pankaj Mishra lo expresa así:

Efectivamente, la religión fue por primera vez considerada (y debilitada) a fines del siglo XVIII como una actividad humana más, a ser analizada como la filosofía y la economía. Cambió también el sentido del tiempo en Europa: la creencia en la divina providencia -la Segunda Venida o los Últimos Días- dejaron paso a la creencia, también intensamente religiosa, en el progreso humano aquí y ahora. El joven Turgot afirmó en 1750, en un famoso discurso en la Sorbona, que:

El interés propio, la ambición y la vanagloria cambian constantemente la escena mundial y anegan la tierra de sangre; pero en medio de sus estragos se dulcifican los modales, el espíritu humano se ilumina […] y toda la raza humana, a través de periodos alternantes entre sosiego e inquietud, bienestar y tristeza, sigue avanzando, aunque a paso lento, hacia una mayor perfección.

Desgraciadamente, las palabras de joven Turgot siguen estando muy vigentes, casi tres siglos después, pero mientras el interés propio continúa anegando la tierra de sangre, no parece importar a la mayoría, que mantiene esa intensa fe religiosa en el progreso.

Que la religión perdiese importancia de forma muy acentuada, no cabe duda que tiene efectos positivos. En España tenemos el ejemplo del catolicismo, cuya jerarquía, sacerdotes y practicantes parecen seguir más las enseñanzas del padre severo y vengativo que es Jehová, que una auténtica doctrina de amor y perdón como la de Cristo. Por suerte ahora podemos escapar de su yugo, pero la gigantesca estructura jerárquica, con sus dogmas difundidos de arriba a abajo, provoca todo tipo de iatrogenias, como los continuos escándalos por abusos sexuales. Estos escándalos nos pueden servir de punto de partida para explicar la diferencia que yo veo entre espiritualidad y religión, que si bien están relacionadas, no son lo mismo.

En una estructura jerarquizada, tal y como están organizadas la mayoría de las religiones, los dogmas sobre el celibato y la sexualidad se transmiten de arriba abajo, no es una verdad que el individuo encuentre en su búsqueda, porque, por ejemplo, siente que la energía que emplea en encontrar compañero/a sexual le aleje de su propósito transcendental.

Pero la espiritualidad es un fenómeno puramente individual, es una forma de autoconocimiento no-racional, aunque paradójicamente, su práctica, como veremos, es racional ¿Y qué es lo que buscamos conocer? Pues a uno mismo, nuestro lugar en lo existente, nuestro propósito, si existe, y nuestra relación con todo lo existente. La religión aparece cuando se da una respuesta colectiva a esas preguntas, y puede estar más o menos jerarquizada. Los cuáqueros, por ejemplo, organizan su iglesia de forma horizontal.

Supongo que parte de los lectores se habrán sorprendido de que yo afirme que la práctica espiritual es racional (aunque nunca las creencias que de ella se deriven). Supongo que a estas alturas todos tendremos claro que el ateísmo es una creencia, dado que no es posible demostrar la inexistencia de Dios. El agnosticismo, la postura racional respecto a la religión, se enmarca dentro de otra más general de escepticismo o prudencia racional respecto a lo que es posible conocer. Lo que el ser humano puede conocer está limitado por sus sentidos, su posición en el universo y la energía de la que dispone. Además, como sabemos por la falacia del pavo inductivista


los conocimientos son falsables (ello es esencial para sea científico), como demuestra el hecho de que las teorías científicas estén en constante evolución. Sin siquiera entrar a valorar la prespectiva de Thomas Kuhn y la epistemología post-positivista, que concibe la actividad científica como una tarea comunitaria guiada por un paradigma, que se enmarca dentro del paradigma general de la sociedad, podemos hacer dos afirmaciones que son ciertas:

1º el conocimiento humano es limitado, dicho de otro modo, no conocemos todo lo que existe.

2º no sabemos cuanto sabemos y cuanto no sabemos. Dicho de otro modo, lo conocido y lo desconocido son inconmensurables.

La espiritualidad deseable, es la actitud de apertura a lo desconocido según los principios del pragmatismo, que afirman que es racional creer aquello que es favorable para uno mismo creer. Creo en la corriente alterna porque acciona el motor asíncrono que permite bombear agua hasta mi casa, pero esa creencia es compatible con una respuesta distinta a la que dan los modernos a la pregunta sobre el sentido de la existencia y el papel de uno dentro de ella. No es compatible, por el contrario, con la creencia en el reiki o la quiromancia.

No hace falta señalar que lo desconocido no es lo sobrenatural, todo lo que existe es natural, pero no todo lo que es natural y por tanto existe es conocido. En definitiva, no hay nada sobrenatural, afirmación que sobra porque es una tautología.

Ahora estamos en condiciones de reconocer la dolorosa verdad de los males que causó y causa el paso de la religión (y con ella la espiritualidad) a la vitrina expositora, donde están aquellas cosas que se usan poco, a las que no se les da un uso diario. Una muy evidente, que señala Pankaj Mishra, es, parece paradójico pero es muy lógico, el auge del fundamentalismo religioso.

Fue en realidad en el Occidente atlántico donde por primera vez se vio la paradoja del fundamentalismo religioso: el hecho de que refleja un debilitamiento de la convicción religiosa. La muerte de Dios estuvo acompañada por histéricas afirmaciones de su existencia. Los mismos matemáticos y físicos que encabezaron la revolución científica del siglo XVII y dieron al traste con la visión cristiana del mundo entonces aceptada -Descartes, Pascal, Newton- se sintieron forzados, debido al martirio de sus dudas y ambivalencias, a reafirmar la existencia del Creador. No debe sorprender a nadie hoy día que los estudiantes y graduados de ingeniería como Osama bin Laden, Khalid Sheikh Mohammed, Abu Musab al-Suri y Anwar al-Aulaki o, para el caso, los tecnólogos supremacistas hindúes, se aferren desesperadamente a versiones fundamentalistas a su medida de credos religiosos en retroceso, si bien no irremediablemente desaparecidos.

A veces nos olvidamos que una moneda tiene dos caras, hay dos formas de ir de la mano de otro, “pegarse” a él, o a una idea, teoría, paradigma. Una de ellas es “reaccionar”, y por lo tanto basar tu acción en lo que el otro individuo/grupo hace. El fundamentalismo es parte de la modernidad, como lo es el nacionalismo romántico alemán de Fitche y Herder de inspiración roussoniana.

Pero la consecuencia más nefasta de este paradigma moderno es la adopción falaz de una metafísica, que Pankaj Mishra denomina “intensamente religiosa” de progreso, de un ser humano sin límites, que como lo expresara Condorcet, consiguiese a través de la ciencia “la infinita perfectibilidad de la especie humana”.

¿Y por qué es nefasta? Porque todos los modernos, con su amplio abanico ideológico desde ultraliberales a marxistas, y todos los que patalean contra ellos sin salir de su marco, como los fundamentalistas o los nacionalistas románticos, es decir, la inmensa mayoría de los seres humanos incluso aunque ellos no lo sepan, siguen (o en menor medida reaccionan contra) las creencias de un neurótico o un adicto.

En efecto, como han señalado muchos psicólogos, incluyendo Erich Fromm, en el núcleo de muchas neurosis se encuentra la idea infantil de omnipotencia. Como señalan Washton y Boundy hablando sobre adictos:

Un individuo que es vulnerable a la adicción también tiene ideas muy engañosas acerca de los límites de su poder, pues cree que él debería ser capaz no sólo de controlarse a sí mismo sino de controlar a otras personas y a casi cualquier cosa.

Esta avidez de poder y control que acompaña a los neuróticos para superar sus sentimientos de impotencia y de vergüenza es la misma que acompaña a los modernos colectivamente, es decir, al 99,99% de la humanidad, con su obsesión de controlar el entorno para “progresar”.

En el neurótico esta avidez es causa de mucho sufrimiento, porque le resta energía que podría dedicar a un mejor uso, le impide recibir afecto de otros, porque no se puede estar abierto a recibirlo y al mismo tiempo ejercer control, y le impide asumir riesgos y ser espontaneo, puesto que para ello debe soltar las riendas.

A nivel colectivo nos infligimos un sufrimiento similar, la energía con la que nos concentramos en controlar el mundo material no está disponible para el amor, el cuidado y la espiritualidad. Tampoco podemos amar la naturaleza y lo existente, puesto que estamos condenados a intentar controlarlo.

Al descubrir este ansia por el control que late bajo filosofía ilustrada se entiende mejor Auschwitz, Pol Pot, o las hambrunas que provocaron los británicos en la India, o el trato dado a los colonos holandeses en las guerras Boer, y en general todas las barbaridades que estamos acostumbrados a contemplar en nuestra civilización, y que ya damos por supuestas van de la mano con el “infinito perfeccionamiento humano”. En esta filosofía el ser humano puede pasar rápidamente a ser (y lo es frecuentemente) otro elemento a controlar. Además, lo más importante, el sentido, está proyectado hacia el futuro, algo también muy neurótico, pensar que existe una solución mágica y rápida a los problemas. El presente, el aquí y el ahora, queda sacrificado por ese dorado porvenir, y no hay coste en el que no se pueda incurrir para alcanzarlo, y los ejemplos antes citados bastan para atestiguarlo.

Así, mientras en este instante imaginan fantasías deshumanizadoras transhumanistas, al mismo tiempo son incapaces de disfrutar y ser felices en el presente y permiten la destrucción de la naturaleza y la indignidad del prójimo.


La solución no surgirá de oponerse a este paradigma, más bien habrá que atravesarlo, es decir, hacerlo irrelevante ¿Cómo hacerlo? He dejado algunas pinceladas aquí, aquí y aquí, pero sin duda contribuirá a ello nuestro autoconocimiento, la búsqueda de nuestro lugar y nuestra relación con lo existente, un ejercicio de sanación individual que nos liberará de creencias neuróticas, y que tenemos que intentar extender a nuestro entorno.

lunes, 8 de enero de 2018

La Tasa de Retorno Energético: origen, historia y crítica al reduccionismo energético



1. Introducción

Desde hace ya unos años existe un debate alrededor de un concepto que ha sido usado y comentado especialmente en entornos académicos (minoritarios) que se han interesado por la cuestión ecológica y especialmente de los recursos en relación a la narrativa del pico del petróleo, el de la Tasa de Retorno Energético (TRE) o Energy Return on Investment (EROI) en inglés. Estos debates se han trasladado a grupos de Facebook (especialmente el grupo de Peak Oil americano y los de Debate Sobre Energía, Colapso y Decrecimiento) en el que ha tenido una cierta repercusión y que se usa a menudo para defender cierta postura respecto al potencial de una u otra manera de transformar la energía y sacer las necesidades de nuestra sociedad y sus individuos.

Algunos científicos (por los cuales profeso profunda admiración por su labor de divulgación pública y desinteresada, así como su implicación en estos grupos) han usado dicho concepto para intentar explicar (especialmente) la sostenibilidad a corto y medio plazo determinadas formas de energía (petróleo, nuclear, solar…). Algunos son más escépticos acerca de si la TRE es mayor o menor y de si será posible un mundo de renovables con unos niveles de disipación parecidos a los actuales.

Un candente debate al respecto fue el protagonizado por Antonio García Olivares (que ve más viable un mundo 100% renovable con unos niveles de uso de energía parecidos a los actuales) y por Carlos de Castro/Pedro Pietro (que no lo ven factible y ven inminente un colapso de la civilización industrial). Estos debates son públicos y consultables aquí y aquí. Finalmente Antonio Turiel, autor del muy recomendable blog crashoil tomaba una posición intermedia en el debate afirmando que “mi opinión es que tanto el decrecimiento como la instalación de renovables descentralizadas deberían ser apoyadas por todo el mundo, pues ambos elementos serán una ayuda vital cuando haya que sustituir al capitalismo por un sistema estacionario sin combustibles fósiles”.

2. Definición y aplicación

La mejor manera de definir un concepto es ir al autor original de dicho concepto que es el ecólogo Charles A.S Hall. En su libro Energy and The Wealth of Nations lo define de la siguiente manera:

“La tasa de retorno energética es la ratio de energía devuelta de una actividad de acumulación de energía comparada con la energía invertida en el proceso. La TRE se calcula con la simple ecuación siguiente, aunque el diablo está en los detalles


“El numerador y el denominador se evalúan necesariamente en las mismas unidades, de modo que la relación así obtenida es adimensional, por ejemplo, 30:1, que se puede expresar como "30 a 1". Esto significa que un proceso en particular rinde 30 julios con una inversión de 1 J o kcal por kcal o barriles por barril” (Hall & Klitgaard, 2012, pp. 310, trad. del inglés).

En el círculo de charlas Peak Oil Posponed organizado por Global Challenge el pasado noviembre de 2012 en Estocolmo, Hall hizo una breve síntesis del concepto de EROI (ver aquí). El investigador americano nos cuenta que mientras era doctorando del pionero de la ecología energética Horward T. Odum pasó 3 años (1968-70) observando migraciones de peces para estudiar su metabolismo energético (ver el abstract de su doctorado aquí) y en una de las muchas noches de disfrute solitario, sentado en una roca, se le ocurrió este concepto tras observar que por cada caloría que usaba un pez en migrar su descendencia obtenía al menos 4 (25 si se trataba de toda una población) y concluir de la siguiente forma:

“Mi hipótesis, aunque otros también lo han expresado, es que la migración y la reproducción se combinan para optimizar el uso de los recursos energéticos. En New Hope Creek, por ejemplo, mi análisis indica que la migración aguas arriba da como resultado un aumento neto de energía para las poblaciones involucradas” (Hall, 1972, pp. 596, trad. del inglés).

Charles explica también que su trabajo se deriva conceptualmente de “las enseñanzas sobre energía neta de Howard T. Odum y del trabajo de algunos antropólogos y sociólogos” como de Leslie Write y Frederick Cottrell que tuvieron lugar ya en los años 50 y añade que “la primera publicación usando el término EROI tuvo lugar en 1982” en un trabajo conjunto de Cleveland, Hall y Berger llamado EROI para el petróleo, carbón y uranio de EEUU que “recibió mucha más atención en un artículo publicado en Science en 1984 bajo el título Energía y la economía de EEUU: una perspectiva biofísica. En dicho artículo se muestra que hay una gran correlación entre la energía y el Producto Nacional Bruto y se derivan valores EROI para varias fuentes de energía primarias y tecnologías asociadas y se concluye que la recuperación de 1980-82 en el seno de la economía americana tras una coyuntura de estanflación atribuida en su causa última a las crisis del petróleo de los 70, tuvo que ver con los precios más bajos que la OPEC fijó que a la vez tuvieron que ver con una menor demanda mundial para el petróleo.

Terminar diciendo que de hecho un proto-análisis de la TRE y las preocupaciones por representar el proceso humano y ecológico en términos energéticos se remonta al siglo XIX con el trabajo que hizo el ucraniano S. Podolinsky (cuyo trabajo e intercambios que tuvo con Engles merecen un artículo aparte).

En el artículo “Socialism and the Unity of Physical Forces” Podolinsky publicado en 1880 en francés y en 1882 en inglés con apuntes suplementarios, tal y como nos explica Foster en este estupendo artículo, Podolinsky partía de la ley de la conservación de la energía y de la ley de la entropía y trató de analizar cómo los seres humanos podían llevar a cabo su trabajo para satisfacer sus necesidades. Tenía la intención de demostrar cómo el trabajo humano tiene como resultado la acumulación de energía solar en la tierra de forma positiva. De hecho, ese prejuicio (que el ser humano incrementa la cantidad de energía acumulada en la tierra en forma de biomasa, de más humanos y de sus sociedades) lo llevó a concluir eso mismo sin un uso de los datos rigurosos.


En los cálculos sobre la productividad energética del trabajo animal y humano de arriba vemos cómo la TRE de las pasturas cultivadas sería de 7,905,000/37,450 = 212:1 (se obtienen 212 calorías por cada caloría invertida) y de 8,100,000/77,500 = 105:1 en el caso del cultivo de trigo para el período de un año, unos valores estratosféricos y difíciles de creer. Salta a la vista como comenta Foster que en estos cálculos hay toda una serie de supuestos y de omisiones que restan rigurosidad al intento de Podolinsky de justificar que las fuerzas humanas son mucho más efectivas que las de la naturaleza en transformar la energía proveniente del sol como comenta en el texto:

"Creemos, además, hasta cierto punto, que está bajo el poder de la humanidad producir ciertas modificaciones en la distribución de la energía solar, de tal manera que proporcione una mayor cantidad de beneficios a los humanos. En realidad, la mayor parte de las fuerzas físicas que tienen lugar en la Tierra, y que son por tanto útiles para satisfacer necesidades humanas, no están de ningún modo disponibles en una forma que fuera la más ventajosa para la consecución de dicho objetivo" (trad. drl inglés)"

En estos datos, que Podolinsky toma de “las estadísticas sobre agricultura en Francia” (Podolinsky, 1881, pp. 64), se hacen burdas simplificaciones, supuestos erróneos y algunas omisiones importantes. Como apunta Foster, “Podolinsky no substrajo del output o incluyó en el input la energía asociada con los fertilizantes, incluidos el estiércol y el guano”.  Tampoco incluyó inputs de combustible fósil (en este caso carbón), aunque el mismo había escrito sobre el rol de los motores de vapor en la agricultura como máquinas trilladoras en su trabajo “El motor de vapor”. Además “la energía usada por el metabolismo humano tampoco se empleó en el lado del input”, únicamente “el trabajo hecho directamente” ni tampoco “la respiración vegetal”. El input solar tampoco se incluye (como se ve en la tabla, algo que en el desarrollo de los estudios energéticos de los 60-70 si se haría a través de conceptos como el de emergía). Finalmente, tampoco consideró Podolinsky “que no todos los inputs y outputs energéticos en agricultura se pueden medir simplemente en energía embebida en un producto por que los productos naturales son mucho más complejos que esto” (Foster, pp. 40). Hay más supuestos como por ejemplo cuando asume que la combustión de madera es equivalente para toda la madera y también equivalente con la combustión de pastos sembrados y de trigo, algo poco creíble que afecta el output de la TRE
.
A continuación, Foster afirma algo con lo que estoy muy de acuerdo. Aunque los cálculos tengan supuestos poco creíbles se asienta una base para entender la agricultura y por ende la sociedad en términos no únicamente de precios sino en términos de magnitudes físicas y este es el gran mérito de Podolinsky. De hecho, una cuestión a destacar es que Podolinsky no calculó la TRE, sino que se fijó en la productividad por hectárea y lo relacionó con el incremento poblacional de Francia. De hecho, esto es fundamental para poder decisiones pues las restricciones de tipo demográfico y espacial (y otras) son tan importantes como las energéticas, algo que el reduccionismo de la TRE no tolera. Podoslinsky se dio cuento de esto al fijarse en la productividad por hectárea, algo que parece que no es el caso de Charles Hall cuando intenta llevar la TRE como principio supremo de los sistemas biológicos en el apartado 6.6 Energy Return on Investment as the Means of Obtaining Darwinian fitness de su último libro publicado en 2017: Energy Return on Investment: A Unifying principle of Biology, Economics and Sustainability. En él afirma:

“Definir la capacidad de adaptación en términos energéticos […] incorpora el rol central de la energía en dos características universales de los seres vivos: el potencial para el crecimiento poblacional exponencial y la evolución por selección natural. Cada uno de estos procesos combina ecología y evolución, y juntos forman la dinámica Darwiniana-Maltusiana. Las plantas y los animales están sujetos a fuertes presiones selectivas para “hacer lo correcto”. Cada vez está más claro que “los más aptos” son los que energéticamente tienen las morfologías, fisiologías y comportamientos que aseguran que cualquier actividad en la que inviertan debe ganar más energía de la que cuesta, y que más allá de ello sea de un retorno neto energético mayor al de otras actividades alternativas o sus competidores. Esta es “la ley energética de hierro” introducida en el pasado capítulo (Hall, pp. 66, 2017).


La TRE exige de hecho traducir todos los inputs y outputs en valores energéticos y que estos se reduzcan a un mero ratio input-output adimensional, a espacial y atemporal y por tanto descontextualizado de los procesos que tienen lugar en el mundo real. De hecho hay alternativas para hacerlo mejor (el análisis MuSIASEM, aquí en una versión que se ha usado hasta hace poco). 

3. Aplicación

Una búsqueda rápida sobre el número de artículos que usan la palabra EROI muestra más de 300 resultados en Web of Science, una de las bases de datos más rigurosas del panorama académico. Los resultados se disparan si lo hacemos en Google Scholar, el buscador académico de Google pues este tiene menos restricciones en su búsqueda. Dos de los documentos más importantes para entender bien como se operacionaliza el EROI (o TRE) están en el protocolo que Hall y otros desarrollaron en 2011 en el artículo Order from Chaos: A Preliminary Protocol for Determining the EROI of Fuels y que está resumido en su último libro de la siguiente forma (en inglés):






A modo de resumen, los pasos consisten en:

1) Definir bien los objetivos del análisis para determinar su escala,
2) Crear un diagrama de flujos energéticos (basados en los trabajos de Odum y otros ecologistas energéticos, es decir una representación gráfica) basada en los límites del sistema (boundaries en inglés),
3) Identificar los inputs y outputs que determinarán la ratio de la TRE,
4)Convertir los flujos monetarios a energéticos (cosa muy difícil y sobre la que no hay consenso de como hacer como reconoce el mismo Hall en su último libro),
5) Hacer el cálculo e identificar que tipo de EROI se usa. En la figura de arriba se muestran los distintos EROIS según si se decide ampliar o no los “límites” del sistema en cuestión y que Hall llama standard (si incluye costes directos e indirectos), point of use (si sincluye los primeros costos energétcos más los necesarios para entregar la energía al punto de uso final) y el extended que incluye los del point of use más la energía necesaria para usar la energía (en este caso para mantener la infraestructura). Una explicación ampliada de esto se encuentra en el libro Energy and the Wealth of Nations en su capítulo 14.
6) Cálculo y hacer un análisis de sensibilidad (sensitivity analysis) de las incertidumbres (es decir modificar parámetros para ver cómo responde la TRE).
7) Hacer las correcciones de calidad oportunas (se refiere fundamentalmente a la electricidad).


El análisis más completo jamás hecho aplicando la TRE y con datos bottom up (de abajo arriba y por tanto medidos en gran medida en el mundo real y no bajo supuestos o datos secundarios) fue el que hicieron Charles Hall y Pedro Pietro en 2013 para la industria fotovoltaica en España. Algunos de los supuestos que se utilizan me parecen discutibles (como el de las conversiones que hacen de dinero a energía, por ejemplo, que se asumen homogéneos a lo largo del tiempo del análisis) aunque en este artículo no quiero tratar aspectos y supuestos numéricos sino de tipo conceptual.

El año pasado estuvimos intentando calcular la TRE de una planta de transformación de desechos a energía para Suecia (espero en un futuro artículo presentar nuestro análisis) y la cantidad de supuestos que hay que hacer para todo el análisis, especialmente si es una planta con un ciclo de vida no terminado, es tremenda además de que en muchos casos algunos datos o eran confidenciales o no estaban ni tan siquiera monitorizados.

Esto va más allá de la crítica a la TRE. Las incertidumbres están ahí si se quiere usar la ratio para evaluar el inevitable despliegue de las renovables y por tanto hay que ser cauteloso y hacer muy claros los supuestos que se usan, cosa que ningún estudio (ni tan siquiera el de Prieto y Hall) de TRE ha hecho de forma clara (al menos a mi conocimiento) y exige permanentes revisiones porque las tecnologías y materiales usados avanzan. Además, es evidente que los estudios actuales basados en un punto de vista biofísico y energético no reciben la atención ni los recursos que se merecen y me hace pensar en que intereses en que no se monitoricen ciertas cosas, en otros casos la información es privada y en otros se miente. Más allá de estas aclaraciones pasemos ahora a la crítica conceptual de la TRE.

4. Los problemas conceptuales de la TRE: crítica

Entremos pues de lleno a analizar por qué considero a la TRE como un indicador únicamente útil de forma cualitativa y para introducir a un iniciado en el concepto de la importancia de la energía, pero no para análisis que sirvan para determinar si algo es viable o no tecnológicamente. En análisis reduccionistas y basados en un individuo o en una comunidad biológica la TRE es intuitiva y hasta cierto punto útil. Charles Hall puso en una de sus charlas como ejemplo la TRE de un pez y Pedro Pietro lo ha hecho de las gacelas en más de una ocasión. Si progresivamente se ingieren menos calorías de las que se invierten en el mantenimiento de su metabolismo (respiración, sueño, actividades diarias), de su reproducción y de la inversión en más energía (alimentación) en algún momento el individuo se deteriora estructural y funcionalmente y acaba muriendo. En sistemas metabólicos complejos como el nuestro, en el que hay una complejidad de formas energéticas y en el que hay que distinguir entre fuentes primarias, vectores energéticos, usos finales y en las que además todo esto se retroalimenta en el sistema, no tiene sentido hablar de TRE, es un burdo análisis reduccionista de nula utilidad y rigurosidad para discutir escenarios de sostenibilidad energética. Su aparente simplicidad de hecho ha llamado la atención de economistas como Steve Keen que lo han intentado incorporar en sus modelos sin darse cuenta de los problemas que supone.

En un reciente artículo (ver aquí el abstract) del pasado 20 de diciembre publicado en Science Direct por Charles A.S Hall, el científico se preguntaba si la TRE será el principal determinante del futuro económico de la humanidad, contraponiendo la visión economicista con la del científico de ciencias naturales. En el artículo Hall da respuesta a 8 críticas que considera típicas en los economistas que van desde una relativización de la importancia que tienen los costes energéticos, de que lo que importa es el coste, de que los precios bajos indican que el EROI no es una buena medida o que las señales de precios y el desarrollo tecnológico serán suficientes para compensar los problemas de la escasez de fuentes de energía primarias fósiles. Hall responde a estos problemas de forma convincente (algo que ha tratado Antonio Turiel en TheOilcrash), aunque neglije críticas más profundas de autores que atacan directamente el concepto.

Analicemos ahora los principales problemas de la TRE:

Problema 1) Los límites en la definición de los inputs (denominador de la ratio)

En primer lugar, tenemos lo que se conoce como el problema de la truncación. El protocolo de Hall y su aplicación como demuestra la figura de la extracción de petróleo presentada anteriormente no especifica qué criterios tiene que haber para poner un límite a la inclusión de la energía embebida en dichos procesos ¿No se debería incluir también la energía utilizada en la construcción y mantenimiento de las máquinas que construyen la infraestructura del petróleo? Como los sistemas socioecológicos tienen un metabolismo en el que todo depende de todo se puede llegar a una regresión infinita (Giampietro, Mayumi y Sorman, pp 140). La solución a esto pasa por representar el sistema en cuestión como un sistema auto catalítico circular y no lineal en el que se haga distinción entre los sectores hipercíclicos que generan un excedente de energía y materiales que luego serán usados en la parte disipativa (producción y consumo final). De esta forma se puede caracterizar un sistema como un sistema en el que evaluar que pasa si cambia uno u otro supuesto de forma mucho más gráfica y entendedora.

Problema 2) El tamaño de la inversión inicial y su retorno

Otro problema añadido es el de la escala requerida para la inversión inicial y el retorno asociado que no nos da información sobre el tamaño de los flujos energéticos. El antropólogo Rappaport obtuvo valores de 15:1 para sociedades tribales de 200 personas en Nueva Guinea mientras que un valor Hall y Klitgaard creen que se necesitaría un retorno de entre 5:1-10:1 para “mantener algo remotamente parecido a una civilización” (Hall & Klitgaard, 2012, p. 319). ¿Debemos llegar a la conclusión de que la sociedad tribal está en una situación de mayor sostenibilidad o mayor calidad de vida que la industrial global? En absoluto. La cantidad de población, el desarrollo tecnológico y las habilidades de la tribu en Nueva Guinea no les permite hacer una inversión energética requerida para sostener niveles de uso de materiales y energía y por tanto de mayor complejidad y no puede competir en potencia (uso de energía por unidad de tiempo) con otras sociedades.

Problema 3) La no distinción entre restricciones externas e internas

Además, tampoco nos dice nada el número de si una es más sostenible que la otra puesto que para eso hay que abrir la caja negra del metabolismo social y entender las fuentes de energía primaria no equivalentes (petróleo, carbón, uranio, sol, aire…), su transformación por vectores energéticos no equivalentes (humanos, animales o máquinas) en otros vectores energéticos y el uso final de éstos en los distintos compartimientos que expresan las distintas funciones dentro de la estructura social (transporte, industria, alimentación, servicios, educación…) que surgen en niveles jerárquicos distintos (el requerimiento bruto de energía vs. la producción neta de vectores energético vs. Los requerimentos energéticos en distintos compartimentos). Cada flujo de energía tiene además asociado una capacidad de potencia, una dimensión espacial (espacio que ocupa) y una de trabajo asociado (las restricciones internas). Sin una clara distinción entre las restricciones externas (fuentes primarias) en relación con las internas del sistema analizado no es posible tener una radiografía coherente del sistema en sí. De hecho para entender las restricciones internas hay que entender la estructura demográfica e institucional del sistema en cuestión, algo que a mi juicio todavía queda por integrar en la metodología MuSIASEM de forma más clara.

Para esto es necesario la construcción de gramáticas multi-propósito y el uso de vectores y matrices con una definición clara de las fuentes primarias, los vectores energéticos y los usos finales (con sus respectivas pérdidas) a partir de vectores en los que se incluyan no solo los flujos de energía sino también los requerimientos en horas de trabajo, tierra y la capacidad de potencia (aunque se pueden añadir otros parámetros) que tienen que cuadrar con los límites espaciales, demográficos y tecnológicos. Esto es posible hacerlo únicamente con una visión multi-escala y multi-nivel de forma cuantitativa y usando sistemas de información geográfica para determinar restricciones espaciales (más sobre esto en un próximo artículo).

Problema 4) El tiempo de recuperación de la inversión energética por el lado del output

De nada sirve tener altas TRES si la inversión inicial requerida es tan elevada que la energía devuelta a la sociedad solo es útil pasado mucho tiempo o si esta es intermitente (como en el caso de las renovables). Esta es una cuestión que solo se puede analizar mediante un análisis temporal con estimaciones a futuro que son inciertas con lo que se requieren escenarios sociometabólicos y no una reducción a una ratio. Un contra-argumento puede estar en que autores que han utilizado también usan otros indicadores como el pay-back energético y el análisis de sensibilidad del que habla Hall y que se aplica en su estudio con Pietro en 2013 Considero que esto es también insuficiente puesto que no deja de ser otro reduccionismo a un número que nos dice cuanto tardamos en recuperar la inversión pero no una descripción pertinente de los procesos internos y restricciones a estos en el metabolismo social de un sistema socioecológico que puedan ser discutidos de forma clara y sistémica.

Problema 5) El problema de la calidad

Cabe comentar que en el lado de los inputs se mezclan conceptos energéticos no equivalentes, de distinta calidad y utilidad:

-          Vectores energéticos de diferentes tipos (pensemos en por ejemplo una planta en la que se requiere electricidad para el alumbrado, calor para la acción de turbinas o trabajo mecánico alimentado por combustibles líquidos para reparar maquinaria o transportar objectos y personas de un lado a otro) con una serie de fuentes primarias no equivalentes (biocombustibles líquidos, carbón para la combustión en las turbinas, petróleo para la combustión de las máquinas para transporte).

-          Estos vectores energéticos y fuentes primarias están asociados a unos requerimientos en la capacidad de potencia, horas trabajadas y tierra que deben hacer posible su puesta en marcha y esto solo es comprobable a escala local, analizando un proceso en sí.

Para poder solventar este problema no nos queda más remedio que, como he comentado arriba, representar nuestro sistema sociometabólico como un conjunto de relaciones a distintos niveles y de forma integrada con una gramática coherente que enlace el sector hipercíclico que mantiene al sistema fuera del equilibrio termodinámico y el sector disipativo que utiliza la energía y materiales para expresar las distintas funciones requeridas por la sociedad en sí en un proceso de coordinación (en el próximo artículo explicaré como podemos hacer eso pues es complejo a nivel teórico aunque fácil a nivel matemático). 

Problema 6) Viola las leyes de la termodinámica

Al no ofrecer una distinción semántica clara entre fuentes primarias, vectores energéticos y usos finales y mezclarlos se da la impresión de que se puede crear energía de la nada. ¿Significa una ratio de 14:1 que hemos obtenido 14 unidades de dónde había 1? Una vez más es necesaria una representación gramatical y gráfica en la que los flujos estén bien relacionados entre estas tres partes del metabolismo social.

Problema 7) El feedback de los impactos ecológicos en la TRE

Este es un problema que se ha comentado alguna vez y ha sido reconocido sino me equivoco por los propios Charles Hall y Pedro Pietro. Los notables impactos de la extracción de fósiles o los posibles cambios en la circulación atmosférica de una implantación de molinos eólicos a gran escala o el impacto de los residuos de las centrales nucleares, muchos de ellos ocultos o que se pueden manifestar a más largo plazo obligan a la sociedad a invertir más recursos en “limpiar” toda esta contaminación y por tanto esto contribuye a que si no se tiene en cuenta se está sobreestimando el retorno energético como algo útil.

Este problema se puede solventar a partir de matrices y de un sistema de representación entre la visión interna del sistema y como interactúa con el exterior, lo cual variará en función de las elecciones pre-analíticas del científico y los supuestos que se tomen.

Problema 8) La agregación de categoría semánticas no equivalentes en valores energéticos

De nada sirve tener la energía disponible suficiente para mantener un determinado perfil metabólico si no existen los materiales o el agua suficiente para operar el sistema en sí. A nadie se le ocurre decir que una proteína es sustituible por una caloría. Los dos son imprescindibles y es el factor más limitante (parafraseando a Liebig) el que determinará la sostenibilidad del sistema en cuestión. La transformación de valores monetarios a energéticos supone también muchos problemas.

Problema 9) Reduccionismo normativo al darwnismo

Esta crítica es una de tipo más filosófico y que se me ha ocurrido a raíz de las ideas de Carlos de Castro quien entiende a la biosfera como un super-organismo que se auto-regula en el cual no tiene sentido hablar de competencia exclusivamente, especialmente en los saltos evolutivos en la complejidad de los sistemas biológicos. En el último libro de Charles Hall, éste parece querer operacionalizar los principios derivados de la TRE a lo que Darwin tomó de Spencer como lucha por la supervivencia del más apto” y luego Boltzmann o Schröedinger acabaron definiendo como “lucha por la energía disponible o negentropía”.

Hall apunta a que los organismos acaban siendo seleccionados en base a dos parámetros que se oponen, el de la maximización de la cantidad de energía por unidad de tiempo (la potencia) y el de la eficiencia en la obtención de esa energía y su retorno. Odum demostró en los 50 para muchos casos que extraer energía de forma muy rápida es altamente ineficiente (por ejemplo, no sale a cuenta cortar un árbol con una motosierra a una alta presión sino a una adecuada). Pensemos en que la mayoría de plantas operan por debajo del 1% de eficiencia.

No me parece adecuado plantear la cuestión como una lucha por el más fuerte cuando hay clara evidencia que los grandes saltos evolutivos se han dado por simbiosis y cooperación. Como apunta Carlos de Castro ¿Tiene sentido decir que las células compiten entre sí para formar organismos pluricelulares? ¿No es posibles que haya una jerarquía de sistemas biológicos anidados que trabajen para Gaia y se seleccionen aquellos que no la parasiten?

En un momento del libro Charles se pregunta si la idea de TRE y Maximum Power Principle se puede n aplicar al éxito de ciertas naciones sobre otras, dejando de lado que esta superioridad nos está llevando a una lucha desenfrenada por los recursos y a la completa destrucción de los ecosistemas en la llamada 6 extinción.

Creo que falta una teoría completa sobre la complejización de las especies en su sentido evolutivo y si parece que hay una tendencia a disipar mayor energía y cómo se da. Soy de la opinión que tiene más sentido plantearlo de la siguiente forma:

"Un organismo o especia tendirá a un óptimo de extracción de energía determinado por lo eficiente que sea y la rapidez en que lo haga en relación a su estructura y sus funciones siempre y cuando respete las múltiples restricciones biofísicas no equivalentes (termodinámicas, de disponibilidad de materiales, espaciales, demográficas...) de manera que no parasiten la biosfera en su conjunto a la vez que permitan su propia sostenibilidad"

3.    Conclusión:


Antes de proponer medidas para la transición energética debemos tener un mejor entendimiento del metabolismo social de las sociedades antes de negar cualquier posibilidad de que las renovables puedan ofrecer unos estándares de vida parecidos a los actuales o de que es viable decrecer un 70-80% sin matar al paciente, como algunos proponen. Para todo ello lo primero que habría que hacer es demandar un mayor apoyo a la monitorización de datos y a hacer un marco teórico (MuSIASEM 2.0 es un punto de partida muy bueno para una rigurosa contabilidad energética) que permita tener estadísticas fiables para tomar decisiones no basadas en el wishfull thinking, algo que la TRE me temo no ofrece y por tanto su utilidad se reduce, a mi juicio, a una mera “advertencia” y un ejercicio cualitativo. 

martes, 2 de enero de 2018

2017, pasos minúsculos en el camino hacia el bienvivir

Dada la urgente necesidad que existe de caminar hacia un nuevo paradigma que asegure la sostenibilidad de la actividad humana (y su economía) sobre el planeta, sería deseable dar pasos de gigante en esa nueva dirección. Sin embargo la cosecha de cambios positivos este año es más bien raquítica, mísera, sí, pero hay que ver y valorar que existe, y que no damos pasos hacia atrás, al menos no en todos los frentes.

Este año considero positivos algunos hitos en el terreno de la comunicación: la publicación, en un medio de gran difusión, The New York Times, de un artículo sobre las consecuencias del cambio climático, The Uninhabitable Earth, que se convirtió en el artículo con más visitas hasta la fecha en este medio, y la publicación el pasado 13 de noviembre en la revista BioScience de otro artículo que recogía la actualización de la “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad”, un manifiesto firmado hace 25 años por 1.700 científicos incluyendo la mayoría de los premios nobel vivos. En esta ocasión la segunda advertencia lleva la firma de 15.364 científicos de 184 países.

Comenzando por el primero de ellos, detalla algunas consecuencias, poco conocidas por el gran público, de los peores escenarios de calentamiento, y lo justifica sobre la base del mejor conocimiento científico disponible sobre ello. Un resumen de lo más relevante a mi juicio es:

- El primer grado de calentamiento, el que hemos provocado hasta la fecha, es casi gratuito, apenas tiene coste, a partir de este umbral los costes crecen de forma exponencial, y las previsiones que tenemos son de 4º C, sin considerar que gran parte del metano contenido en el permafrost se emitirá a la atmósfera según este se vaya descongelando. Las peores previsiones son de 8º C de calentamiento en 2100, después de este de hasta 10ºC.

- Los seres humanos necesitamos evacuar calor, y la posibilidad de hacerlo depende de “la temperatura de bulbo húmedo”, la temperatura que se siente cuando la piel está mojada y corre aire seco. Con 7ºC la imposibilidad de evacuar calor hará que grandes partes del planeta, el ecuador y los trópicos, sean inhabitables. Con incrementos menores las olas de calor como las India y Pakistan de 2015 serán más frecuentes. En la actualidad, una cuarta parte de la población en la región azucarera de Honduras tiene enfermedad crónica de riñón a consecuencia del calor, con esperanzas de vida muy reducidas.

- La producción por unidad de área de cereales cae entre un 10 y un 17% por cada grado de calentamiento. Aunque algunos hablen del efecto fertilización de la mayor concentración de CO2 en la atmósfera, esto es cierto para las hojas, pero no para los cereales.

- En las regiones templadas la variabilidad del clima será mucho mayor y se perderán cosechas.

- A todo esto hay que añadir la sequía. Un tercio de la tierra arable sufrirá una sequía permanente este siglo. España y el sur de Europa vivirán una sequía extremadamente severa (dejando lo que ocurre ahora en un juego de niños) en 2080.

- Los huracanes más potentes golpearán con mayor frecuencia, incluso habrá que inventar nuevas categorías para calificarlos.

- Las zonas muertas oceánicas aumentarán por la acidificación del océano y por su eutrofización, a consecuencia de la alteración hasta niveles insostenibles de los ciclos de fósforo y nitrógeno del planeta. Ello podría tener consecuencias tremendas, ya que anteriores extinciones masivas como la que está en marcha en estos momentos tuvieron como detonante la emisión masiva de SH2 desde los océanos, una circunstancia a la que no podría sobrevivir el ser humano, y que según la NASA ya ocurre en la costa de los esqueletos en Namibia.

Por otro lado, en la actualización de la segunda advertencia de la Unión de Científicos Preocupados a la humanidad, se lanzaba un mensaje igual de contundente. Las tendencias que se pusieron de manifiesto hace 25 años no se han detenido, ni siquiera frenado. El agua dulce disponible por habitante se ha reducido un 26,1%. La captura de peces se ha reducido un 6,4% (bastante más desde su máximo posterior a 1992) no por un esfuerzo de conservación, sino porque no hay disponibilidad del recurso. El número de zonas muertas en ecosistemas acuáticos ha aumentado un 75,3%. La superficie forestal ha disminuido un 2,8%. La abundancia de vertebrados ha disminuido un 28,9%. Las emisiones de CO2 han aumentado un 62,1%, y la diferencia de temperatura respecto a 1960 un 167,6%. La población de humanos ha aumentado un 35,5%, y la de ganado un 20,5%.


El mensaje final es contundente, hay que cambiar drásticamente para evitar “un deterioro generalizado de las condiciones de vida humanas”, y para ello es necesario “revaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente”.

Que 15.364 científicos de 184 países aboguen por replantear el paradigma económico, hacia una economía del estado estacionario o del decrecimiento, es un hecho positivo que debemos valorar, incluso más que otros hitos como la publicación de la encíclica Laudato Si, por parte del Papa Francisco. Los datos son los que son, y la comunidad científica no puede seguir mirando para otro lado. La consecuencia de ello es que se ha logrado un consenso bastante generalizado en el área de las ciencias de la naturaleza, un consenso que los críticos con el crecimiento y con el paradigma socio-económico asociado a él, debemos visibilizar y explicar con pedagogía.

Es preciso señalar que este consenso existe respecto a los sumideros



Pero no existe respecto a las fuentes, incluyendo las de energía, como puso de manifiesto el debate en torno al manifiesto Última llamada. El consenso actual es el contrario, hay suficientes fuentes de energía, incluyendo petróleo y renovables para continuar el crecimiento.

No hay que dejar de realizar esfuerzos para explicar el problema de la limitada disponibilidad de materias primas y energía en una economía en crecimiento, pero el principal punto de partida sobre el que fundar una transformación social debe ser aquel sobre el que existe consenso científico. Apalancar nuestras propuestas sobre una base, un problema de partida, que es difícilmente cuestionable, es una fortaleza tremenda que debemos aprovechar. El debate en torno al peak-oil y los límites de las renovables no debe ser abandonado, pero no debe ser la justificación para pedir cambios en la organización social, es mejor justificar esos cambios sobre una base solida que sobre una base que es discutida.

Ello nos enfrenta a una dificultad que es necesario sortear, se entiende mucho mejor la relación entre la energía y el colapso (deterioro generalizado de las condiciones de vida humana), que entre este y la pérdida de los servicios de los ecosistemas. En un artículo publicado en The Tyee, un nuevo medio digital canadiense de gran éxito, aunque con un nivel de difusión intermedio, todavía en desventaja respecto a los medios masivos, Los seres humanos ciegos al inminente colapso, William E. Rees, doctor en ecología de las poblaciones y experto en economía ecológica y humana, explica de forma muy certera esta relación.

En un planeta limitado, donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie conduce necesariamente a la contracción y extinción de otras. (Políticos, tomen nota: siempre hay un conflicto entre población humana / expansión económica y la "protección del medio ambiente").
¿Por qué es importante esto, incluso para aquellos a quienes realmente no les importa la naturaleza en sí? Además de la infamia moral asociada con la extinción de miles de otras formas de vida, existen razones puramente egoístas para preocuparse. Por ejemplo, dependiendo de la zona climática, entre el 78% y el 94% de las plantas con flores, incluidas muchas especies de alimentos para humanos, son polinizadas por insectos, pájaros e incluso murciélagos. (Los murciélagos, también en apuros en muchos lugares, son los polinizadores principales o exclusivos de 500 especies en al menos 67 familias de plantas). Hasta un 35% de la producción mundial de cultivos depende más o menos de la polinización animal, lo que garantiza o aumenta la producción de 87 cultivos alimentarios líderes en todo el mundo.
Pero hay una razón más profunda para temer el agotamiento y la despoblación de la naturaleza. En ausencia de vida, el planeta Tierra es sólo una roca húmeda intrascendente con una atmósfera venenosa que gira inútilmente alrededor de una estrella ordinaria en las orillas extremas de una galaxia irrelevante. Es la vida misma, comenzando con innumerables especies de microbios, la que gradualmente generó el "ambiente" adecuado para la vida en la Tierra tal como la conocemos. Los procesos biológicos son responsables del equilibrio químico favorable a la vida de los océanos; las bacterias fotosintéticas y las plantas verdes han almacenado y mantienen la atmósfera de la Tierra con el oxígeno necesario para la evolución de los animales; la misma fotosíntesis extrajo gradualmente miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera, almacenándolas en cretas, piedra caliza y depósitos de combustibles fósiles, de modo que la temperatura promedio de la Tierra (actualmente alrededor de 15º C) ha permanecido para edades geológicas en la estrecha franja que hace posible la vida basada en agua, incluso cuando el sol se ha estado calentando (es decir, que el clima estable es parcialmente un fenómeno biológico); innumerables especies de bacterias, hongos y una verdadera colección de micro-fauna regeneran continuamente los suelos que cultivan nuestros alimentos. (Desdichadamente, el agotamiento por la agricultura es incluso más rápido. Según algunas versiones, nos queda, tan sólo, poco más de medio siglo de tierra cultivable).

La conclusión es fácil de entender, a mayor actividad humana menos ecosistemas silvestres, los cuales proporcionan servicios vitales para la vida y la actividad humana. Sin embargo esta idea sencilla no cala en el imaginario popular, de hecho entra en contradicción con los principales mensajes que nos traslada el sistema: trabaja, produce, consume, viaja, ten éxito y muéstralo.

Sin embargo, la pedagogía, necesaria, no es suficiente. Cualquiera que haya hablado sobre estas cuestiones con alguien ajeno a la subcultura decrecentista sabe a lo que me refiero: soluciones. Pero, “la solución”, “reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente”, es tremendamente abstracta, y contraria al resto de imperativos del sistema, además de impracticable.

Poner un límite a los recursos que podemos consumir, o solo a uno de ellos, el más limitante, la energía, hacer una macroasignación de recursos global, es el tipo de solución que surge de un tipo de pensamiento idéntico al que ha creado el problema. Sabemos que una solución así, racional, jerárquica, de management, basada en la decisión de unos expertos que transmiten órdenes a toda una estructura que se encarga de ejecutarlas, no puede funcionar. Ese tipo de planteamiento funciona bien a la hora de resolver problemas simples y bien definidos, pero ha fracasado, por ejemplo, en el intento de modernizar países con una cultura tradicional, como pueden ser los africanos (también hay ejemplos de éxito, como Corea del Sur). Cambiar todo el sistema a nivel global es un problema mucho más complejo. Los enormes conflictos que pueden surgir de aplicar una solución así, unido a la contradicción con las prácticas, hábitos, ideas, creencias y valores de la inmensa mayoría de la población que tendría que acatar el modelo impuesto haría que saltase por los aires en el minuto cero tras su implantación.

También hay que sospechar de quién dice conocer, aplicando este tipo de pensamiento, los “límites” de las renovables. La biosfera no deja de ser un sistema complejo, y es su interacción con la tecnología humana lo que determina esos límites, algo tremendamente difícil de predecir. Es más sensato pensar que esos límites se irán viendo con mucha mayor precisión una vez se comiencen a instalar de forma masiva los aparatos destinados a recolectar esa energía y realmente comiencen a tener efectos palpables en el planeta. La escala es fundamental, también a la hora de estudiar un problema, porque en el camino van a aparecer cisnes blancos o negros casi con total seguridad.

Hace falta una narrativa, un relato, que muestre todo lo que podemos ganar con el cambio, pasar del tener al ser, con todo lo positivo que ello conlleva en cuanto a satisfacción de necesidades humanas. Hacen falta también “soluciones” mucho más concretas, pese a que ninguna de ellas sea “la solución”: la permacultura, la economía colaborativa, la educación, las energías renovables, el consumo responsable, los grupos de consumo de proximidad, la economía social y solidaria, la tecnología apropiada, la reforestación, el cooperativismo, las monedas locales. Todos estas “soluciones” pueden ser parte de “la solución”. La labor más importante ahora es experimentar con todas estas alternativas y otras nuevas que puedan surgir, evaluar los resultados que se van obteniendo e ir modificando el rumbo según los resultados que se van obteniendo (fast feedback, en terminología de sistemas).

Probando pequeñas alternativas de este tipo vamos evaluando aquellas practicas que son más fáciles de implementar, obteniendo información acerca de las creencias, ideas y valores limitantes que dificultan el nuevo paradigma y cambiándolos en el proceso, a través del ejemplo y de la información que se transmite a través de él.

Este tipo de programa suele tacharse de reaccionario por aquellos que mantienen el pensamiento típico moderno del management, orquestar una solución rápida y eficaz desde arriba, de tipo “revolucionario”, un cambio fulgurante de todas las instituciones sociales. Su metáfora es que estamos pintando ventanas en una mina, arreglando cositas para que luzcan chulas, mientras el conjunto y lo esencial no se toca. Este tipo de pensamiento es una bobada, se discute si lo que hay que hacer es salir a la ventana y gritar “a las armas” para tomar el poder y cambiarlo todo (sin tener ni siquiera una idea de como cambiarlo para que el proceso sea aceptable para el común de los mortales, y que no se convierta en una guerra), o por el contrario lo que hay que hacer es ir cambiando directamente las cosas, ofreciendo soluciones viables y visibilizándolas, cambiando las conciencias en el proceso, para que quizás algún día (Dios no lo quiera) haya que gritar “a las armas”, pero esta vez con un sólido respaldo detrás, de gente convencida de que son necesarias y deseables nuevas instituciones sociales para lidiar con los problemas que el viejo paradigma es incapaz de resolver. No hay alternativa, pero la metáfora no es pintar ventanas, es más bien como esas plantas que crecen en las grietas de algo sólido como una roca, quizás esas plantas terminen por hacer las grietas más grandes, crezcan más plantas y al final la roca termine completamente cubierta.

En resumen, las tareas sobre las que hay que concentrarse si se quiere en el futuro ir dando pasos más importantes hacia un nuevo paradigma son:

- Hacer una intensa divulgación sobre la relación entre los servicios de los ecosistemas y la economía humana.
- Realizar y apoyar proyectos locales que mejoren la sostenibilidad. Pequeñas soluciones en los ámbitos señalados más arriba y en otros aún por explorar.
- Evaluar los resultados que se están obteniendo, identificar las resistencias al cambio y modificar los proyectos para vencerlas.


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lunes, 25 de diciembre de 2017

Ven conmigo


Érase una vez, en un remoto lugar, en una lejana ciudad, en cualquier parte. Un padre y una hija de temprana edad contemplan en silencio como en la chimenea las ondulantes llamas hacen crujir la leña.




En la cabeza del padre se ilumina un pensamiento, y como un rayo comienza a agitarse buscando una salida… tras varios intentos encuentra una estrecha abertura por la que ruidosamente sale al exterior rompiendo el silencio…


-¡Laura! ¿Qué es para ti la Navidad?


-Papá, es un calorcito muy agradable que en estos días siento dentro de mí, no sé cómo explicarlo. ¡Papá, no sé expresarlo con palabras!, pero tal vez podría mostrártelo si quieres.

-¿¡Mostrármelo!?

-¿Cómo vas a mostrarme un sentimiento, hija?

-Papi, podemos intentarlo… ¡Vamos te llevaré a un lugar donde podrás verlo!

Se disponen a salir, el padre ayuda a su hija a ponerse el abrigo. En la calle, los árboles están blancos, las casas están blancas, el suelo está blanco y también el semáforo y el buzón de correos. De la mano, la hija dirige a su padre indicándole por dónde ir. Tras un largo paseo, la hija se detiene ante un gigantesco árbol de Navidad hecho de metal y adornado con luces de colores. Ambos observan durante unos minutos sin decir nada, el padre irrumpe.

-¡Hija, esto es un centro comercial! ¿Aquí está lo que me vas a mostrar?

-Sí papá, aquí.

-¡¡Pero hija, estás segura de lo que me dices??

-Sí papá, tienes que poner un poco de tu parte… está ahí adentro. ¡Venga, vamos!

-Mira Laura, si lo que quieres es comprar algo, no hace falta andar con rodeos, podemos hablar.

La niña fija los ojos en su padre y con ternura le dice: 

-Papá, si no quieres no tenemos por qué entrar, pero te aseguro que va a resultarte más fácil.

-Bueno, vale… entremos. Venga, vamos.

En el interior hay cientos de personas que, conducen carros con paquetes envueltos en papel celofán de ricos colores adornados con grandes lazos.

-¡¡¡Mira papá, ves la Navidad???

-Hija… lo que veo es un montón de gente frenética haciendo compras.

-Papá, presta atención. Tienes que mirar a las personas, no a todas a la vez, sino de una en una. ¿Ves aquella mujer? La del abrigo rojo.

-¡Sí, la veo, tiene dos artículos en la mano!

-¿Y qué más?

-¡Pues no sé, que no sabe por cuál decidirse!

-¡Bien papá! ¿Algo más?

-Pues…, parece preocupada…, creo que está indecisa…, quiere agradar pero, tiene miedo a equivocarse.

-¡Yuuupiiiiii, bien papá! Mira ahora aquella mujer tan guapa, la bajita de pelo blanco, con el abrigo marrón y que anda tan gracioso y despacio, ¿la ves…?

-Sí…, lleva un pequeño paquete azul…, está sonriendo…, está feliz…, en su cara hay expectación y deseo por ver la reacción de la persona que va a recibirlo… parece que se siente bien porque va a hacer feliz a otra persona.

-¿Papá, has entendido lo que es la Navidad?

-Más o menos hija, pero no sé qué tienen que ver los buenos deseos con comprar cosas.

-¡Papá, olvídate de lo que hacen! Fíjate en las personas, si miras bien, puedes ver lo que sienten. Imagina que eres tú la persona a la que estás observando. Mira… mira aquel señor alto, el del bigote con abrigo negro y maletín.

-A ver te digo: no para de mirar a todos lados, el teléfono en la mano, se mueve con rapidez. Da la sensación que fuese a atropellar a alguien. Está en todas partes, ocupa espacio aquí y allá. Está triste, frustrado, quiere algo rápido, tiene que hacer otras cosas, sabe que lo que está haciendo es muy importante por eso está aquí, quiere ver la cara de felicidad que pondrá su mujer, quiere agradarla, quiere que lo quiera tanto como cuando se conocieron… está locamente enamorado de ella.

El padre tras una chispa de lucidez consigue ver… y donde antes solo había gente comprando…

-¡Lo veo hija!, es un juego de amor. ¡Pero por qué en forma de regalo…? ¿Por qué no dar un te quiero abiertamente…!

-Papi es que a los mayores os cuesta mucho, creo que os da un poquito de vergüenza y necesitáis una excusa, nos habéis enseñado que un te quiero viene con algo que traéis en las manos.

-Hija… desde pequeño lo he vivido así y me he limitado a expresar el amor tal y como lo aprendí.

-No te preocupes papá… ¡Ah Papa! Quiero pedirte un regalo.

-Jajajaja, ya sabía yo que…

-Papa la Navidad es una época pasajera en la que todos piensan en todos, pero papa yo lo que quiero pedirte es que me prestes atención, que pases más tiempo conmigo y que no trabajes tanto, porque mi mejor juguete… eres tú Papa. Quiero para el próximo año, más días que sean Navidad.

El padre coge a su hija en brazos, la besa y mirándola a los ojos le dice… FELIZ NAVIDAD




(Este pequeño relato nos ha llegado para publicarlo por una persona que prefiere permanecer anónima. Lo importante es su mensaje. Quizás, descubrir que muchas veces nos olvidamos lo que es la vida buena. Muchas gracias.)